Los centros históricos, en todo tiempo, encierran inmensas reservas del talento de los pobladores. Nos vigorizan sin cesar. Son memoria y prente, fundamento del futuro, alegoría y realidad. Son nuestra herencia y debe serla, enriquecida,para nuestros descendientes.
La obra es un recuento lúcido y bello de los centros históricos, lugares de edificios privados, públicos y religiosos, de teatros y restaurantes, dehogares de personajes destacados, de casas y construcciones que frecuentemente son espléndidas muestras de estilos arquitectónicos; de comercios y viviendas, de plazas, aun macroplazas como la de Monterrey, y alamedas, de tranquilidad y ajetreos, y asimismo de marchas y manifestaciones.