Tú no has experimentado este martirio en propia carne ni has palpado de cerca que un drogadicto con el 'mono' estaría dispuesto a vender a su padre y a su madre y a hacer lo que fuese (robar, matar...) para conseguir la dosis que puede apaciguarle durante unas horas... Lo que nos guía no es nuestro espíritu ni nuestra inteligencia, sino nuestro cuerpo. Un cuerpo incapaz de soportar el martirio que está padeciendo.