En el pasado, el estudio de los valores humanos pudo haber sido fundamental tema de preocupación y reflexión personal para decidir la mejor forma de llevar adelante una "vida decente". En el presente, se ha convertido en una cuestión de supervivencia. Si aceptamos que el estudio de los valores es una rama de la filosofía, ha llegado la hora de que todas las mujeres y todos los hombres se transformen en filósofos.
Este libro abre rumbos; es una obra esclarecedora y notablemente bien escrita. Mediante un alarde de erudición -desde todo punto de vista, una proeza-, el autor plantea en un estilo subyugante que los seres humanos miramos al mundo a través de por lo menos seis ópticas distintas, y de ahí que haya estilos tan radicalmente opuestos de pensar, por medio de los cuales elaboramos nuestros juicios de valor y nuestras decisiones éticas.