Mariela está a punto de soplar las velas de una tarta, cuando de repente oye un disparo. Y tras el disparo sólo quedan el silencio de su madre, los secretos de la abuela y las preguntas de una niña terca que se empeña en saber quién mató a su padre y por qué, mientras en el pueblo el recuerdo de la guerra civil aún ronda las calles.
Mariela, esa señorita de vida flaca, esa mujer a medio hacer, entra en el mundo de los adultos mirando de reojo, escuchando detrás de las puertas cerradas, lamiendo piedras del río como si fueran caramelos, y con ella vamos descubriendo despacio los huecos de la vida y la fatiga de ir cumpliendo años en un mundo donde todo es un decir porque la verdad duele.
Jenn Díaz nos propone una historia llena de fuerza e ironía, que enseguida encuentra la complicidad del lector. Sus palabras nos llegan corno si estuviéramos escuchando en vez de ir leyendo, y muestran el talento de una mujer que dará mucho que hablar.
«Sorprende de Jenn Díaz su atrevimiento, su tremenda capacidad narrativa, la desvergüenza con la que se presenta ante nosotros para abofetearnos y exclamar: ¡Eh! ¡Escribir es esto...!»