Desde su independencia, los Estados Unidos de América han demostrado una permanente vocación expansionista. Liberada del mercantilismo británico en 1776, la Gran Nación del Norte estableció una política de ocupaciones y anexiones territoriales que unas veces tuvieron el respaldo legal de una compra y otras, la justificación de una amenaza para la seguridad de sus propias fronteras. Amparada en un supuesto destino manifiesto que la llevaba a liderar todo el continente, fue constituyendo un imperio que dictaba e imponía sus propias reglas. Enarboló a veces el justificativo ideológico de la Doctrina Monroe o decretó la Política del Gran Garrote, pero siempre se valió de medios más o menos encubiertos, que no exceptuaron los sabotajes, el asesinato de líderes políticos, la creación y sostenimiento de ejércitos mercenarios... Sus brazos visibles fueron la CIA, los Marines o el más pulcro accionar del Departamento de Estado. En estas páginas, Fabián Berenstein traza un recorrido por esa sostenida injerencia en la vida social, política y económica de la América Latina, y desnuda una línea de pensamiento y de acción que ya lleva siglos.