La evolución divina estable una linea continua que enlaza directamente las Potencias cosmicas del principio de los tiempos con el cristianismo, las cuales brillan de lejos a traves de Indra y refulgen para Zoroastro bajo la aureola de Ormuz; se encienden para Hermes en el Sol de Osiris, hablan de Moisés entre las zarzas ardientes y cruzan como un blanco meteoro los rayos rojizos del Sinai, para encarnarse finalmente en el maestro Jesus en su dulzura humana y su esplendor divino.