Una oportuna reflexión personal sobre la violencia estructural que ha distinguido históricamente a la frontera entre México y Estados Unidos. Francisco Cantú fue agente de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos de 2008 a 2012. Durante este tiempo, trabajó en el desierto, a lo largo de la frontera con México, en territorios inhóspitos cruzados por rutas de narcotráfico y corredores de contrabando, rastreando a otros seres humanos, bajo un sol feroz o a través de noches glaciales. Él y sus compañeros debían recoger los cadáveres de los caídos, arrestar a los exhaustos y los sedientos. Después, trataba de no pensar en cómo continuaría cada una de esas historias.