La invención de la escritura, y luego de la imprenta, han troquelado de forma decisiva nuestra forma de ser humanos. En Europa, entre fines de la Edad Media y el siglo numerosos eruditos y estudiosos intentaron controlar una enorme cantidad de textos que el libro manuscrito y luego el impreso habían puesto en circulación. Inventariar los títulos, clasificar las obras, dar un destino a los textos, fueron operaciones gracias a las cuales se hacía posible el ordenamiento del vasto mundo de lo escrito: de este inmenso trabajo son herederos directos los tiempos contemporáneos.