Jacques Lacan inició su profunda renovación del psicoanálisis proponiendo un retorno a Freud, un volver sobre la letra y el espíritu del fundador.Todo retorno supone a la vez un ponerse a distancia. No cabe duda de que es propio de la naturaleza del psicoanálisis el negar fidelidad y sumisión a una teoría constituida. "No comprendo el que tantas formas puras y grandes no aporte, en general y en particular, más que un remedio y una salida tan mediocres": conclusión amarga y desesperada de un Holderlin al borde del derrumbe esquizofrénico, que muchos se sentirán inclinados a compartir quince meses después de que el 5 de enero de 1980 Jacques Lacan proclamó la disolución de su escuela.De esa Escuela brillante y populosa, que gozaba de gran prestigio intelectual en Francia y el extranjero, no quedan más que unos pequeños grupos. Subsiste un punto común: cada cual está persuadido de ser el portador del discurso lacaniano o del discurso psicoanalítico. Después de la disolución de la Ecole Freudienne de Paris, un grupo de analistas propone en este libro el retorno a Lacan, esbozando múltiples accesos a un pensamiento que con el tiempo se ha convertido en un ámbito inabarcable.A la vez, la crisis de la Ecole, que se retrata fielmente en estos textos, deja ver las incidencias de una auténtica política del psicoanálisis.