SANGRE DE MEDUSA LA

SANGRE DE MEDUSA LA

Editorial:
ERA EDICIONES S.A. DE C.V.
Materia
L i t e r a t u r a
ISBN:
978-607-445-365-2
Encuadernación:
Rústica
$229.00
IVA incluido
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A diferencia de sus novelas, de sus poemarios y de las otras colecciones de sus cuentos, La sangre de Medusa no fue concebido por José Emilio Pacheco de manera orgánica. No fue libro siempre, sino que apareció en 1990, fruto de la unión de los relatos escritos por su genio precoz en los primeros años de su carrera, los publicados en sus años de primera madurez en revistas poco conocidas, y algunos más que no se habían recopilado. Pero estos cuentos dispersos, en cuanto son leídos en un solo volumen, dibujan una constelación. Los años no cambian la pasión por contar a la Ciudad de México y el puerto de Veracruz como vértices de las historias de la Historia, por mostrar las facetas de la vanidad y la mezquindad humanas, pero también de los momentos de insólito valor íntimo; y, sobre todo, la obsesión por escribir de manera agradablemente perfecta, diciendo de manera engañosamente llana. La sangre que mana del cuello de Medusa es uno de los nombres de la tinta con que se escriben los cuentos. Es el río breve que fluye entre la máquina de matar del cuerpo de la Gorgona formado por sus horrores combinados y el cuerpo opuesto: el caballo alado de insuperable belleza. Río de curso breve que une lo hermoso con lo horrible, que muestra con renovada sorpresa que estos polos son complementarios y, más: que el uno siempre aguarda en lo más profundo, en lo más íntimo del otro. Con la sangre de Medusa se escribe el nombre del bien y aparece la cifra del mal involuntario e inevitable, se escribe un epitafio y brota de nuevo un retoño, se escribe el fulgor del deseo y ya murmura el hastío de la conquista. Esta nueva edición, trabajada hasta poco antes de su muerte, es el legado de la insobornable exigencia de Pacheco. La obra siempre puede mejorarse y por lo tanto hay que seguirlo haciendo. No basta el tajo del genio que convierte las lecturas de una vida en voz propia. Para convertirla además en voz nuestra, en habla impecable, es también necesaria la delicada acción repetida y modesta del sabio, quien con infatigable pincel mínimo, más que modificar lo que dijo una vez, décadas atrás, lo concentra, lo aclara, lo pule; lo acerca a su verdad mejor.

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